sábado, 23 de abril de 2011

YO, DUEñO DE PEMEX, PREGUNTO

 

Alberto Nuñez Esteva *

 

 Cada pueblo tiene el gobierno

que se merece

José de Maistre

 

Gracias, Señor Presidente, por recordarme, con motivo de los recientes festejos del 73 aniversario de la expropiación petrolera, que los dueños de Pemex no son los partidos políticos, ni gobierno alguno, ni es la caja chica de nadie, sino que pertenece a todos los mexicanos, y como yo soy uno de ellos, pregunto a quienes han tenido la responsabilidad del manejo de mi empresa:

 

1.- ¿Quién responde por la pérdida neta que sufrió Pemex en el 2010 por $47,463 millones? ¿Y por la del 2009, que ascendió $94,882 millones? ¿Y por el patrimonio negativo, sí, negativo de mi empresa, que asciende a $ 113,783 millones (lo que quiere decir que está en quiebra técnica)?

 

2.- ¿Quién responde por el pasivo a fin del año pasado que ascendía a 121.000 millones de dólares (en pesos ya se hace difícil manejar y entender tantos ceros) incluyendo una reserva para beneficios de los empleados por 53,521 millones de dólares, que se incrementó en 14.7% este último año? ¿Cómo se van a pagar esos beneficios si no han sido fondeados por mi empresa? ¿Estamos conscientes de que este adeudo con los empleados representa más del 5% de PIB nacional?

 

3.- ¿Quién responde por los rendimientos negativos de operación en el 2010 por $ 155,643 millones  en refinación y por $15,362 millones en petroquímica? Es indispensable que el Consejo de Pemex responda con claridad y objetividad ante el reclamo de la ciudadanía acerca de las causas por las cuales pierden tanto dinero nuestras refinerías y nuestras empresas petroquímicas ¿Por qué ellas pierden mientras otras empresas similares en el mundo tienen jugosas utilidades, incluyendo Deer Park en donde Pemex está asociada con capital extranjero en los Estados Unidos? ¿Por qué estamos importando  casi 5 de cada 10 litros de los combustibles que se consumen en el país? Estas compras se han disparado del 2000 al 2010 de U$1,298 millones de dólares a $10,535 millones (casi diez veces más, según El Economista, enero del 2011)

 

4,- ¿Quién responde por la caída en la producción de crudo de 3,256 millones de barriles diarios en 2006 a 2,576 millones en el 2010?

 

5.- ¿Cómo es posible que en el 2010 el número de tomas clandestinas en ductos de Pemex, mi empresa, se haya elevado a 710 y por ahí se hayan robado 2,162 millones de barriles, que valuados a 80 dólares por barril nos da un importe superior a  $2,000 millones de pesos? ¿Quién transporta esta mercancía y cómo lo hace?  ¿Quién refina este petróleo? ¿En dónde se vende? ¿Será muy difícil controlar que los productos que salen de una planta de Pemex lleguen al lugar al que están destinados?

 

6.- En una ponencia que presenté en la Cámara de Senadores el 17 de julio del 2008 destacaba yo lo siguiente: "Al terminar el 2007 se tenían 67,016 jubilados, 113,083 trabajadores sindicalizados y 28,063 empleados de confianza, lo que quiere decir que los jubilados representan el 47% de la fuerza laboral total, o dicho en otros términos, hay un jubilado por cada 2.1 trabajadores en activo. El contrato colectivo de trabajo muestra concesiones al sindicato fuera de toda proporción, derivadas de un desequilibrio histórico en las negociaciones entre patrón y trabajadores. Mientras que en una empresa privada este desequilibrio puede ocasionar la quiebra de la fuente de trabajo, en un organismo público descentralizado, como es Pemex, el costo exagerado de las prestaciones lo absorbemos finalmente los contribuyentes" ¿Qué solución presentan a este problema? Usted, Señor Presidente, señaló enfáticamente en su intervención el pasado 18 de marzo "…deben atenderse los problemas de la paraestatal, principalmente los de sus finanzas, pero sin perjudicar los derechos de los trabajadores" Yo pregunto: ¿Y los intereses de los ciudadanos?

 

Carlos Romero Deschamps , líder del Sindicato Petrolero (¿Cuántos años?) descalificó a los funcionarios de Pemex en la multicitada ceremonia de la expropiación petrolera, a quienes reclamó, "no es aceptable que la profesionalización de los directivos que necesita la industria no coincida con la designación de personas que no cumplen con los perfiles y experiencia requeridos" ( El Universal y Milenio). Coincido con la apreciación del líder sindical, a la luz de los resultados obtenidos.

 

Señor Presidente, usted asevera que yo soy uno de los dueños de Pemex y lo creo, pero mi empresa ha sido saqueada por la Secretaría de Hacienda, al llevarse  todas sus utilidades y más, porque carece de los recursos necesarios para atender los requerimientos de la nación. La falta de una reforma fiscal integral es una de las grandes deudas que tienen los legisladores y los hombres en el poder con la ciudadanía. Pemex es su caja chica o ¿grande?, sin considerar el daño que le causan.

 

Los beneficiarios de Pemex, de la empresa en la que todos los mexicanos somos sus accionistas, son la Secretaría de Hacienda y el Sindicato.  A mí, supuesto dueño, sólo me queda elevar mi voz –como ya lo he hecho en ocasiones anteriores- una voz en el desierto que se pierde entre la demagogia y el populismo de los repetidos discursos que iluminan la ceremonia anual de la expropiación petrolera.

 

Me da envidia la visión de una empresa como Petrobras, la empresa estatal brasileña que ha entendido el futuro, y no se ha refugiado en un nacionalismo anacrónico, sostenido en nuestro país únicamente por sus beneficiarios. Rechazo la pobre y raquítica reforma energética del 2008, reforma que, a pesar de magníficas aportaciones de expertos que concurrieron al diálogo convocado por el Senado, fue tan pequeña como aquellos diputados y senadores que finalmente la aprobaron.

 

Yo, dueño de Pemex, he hecho seis preguntas. ¿Quién responde?

 

*Presidente de Sociedad en Movimiento

ton_nunez@hotmail.com

 

 

 

Anécdota del tren

 

 

Quevir Roquedal

 

 

 

(Hecho ocurrido en 1892, verdadero y parte de una biografía)

 

Un señor de unos 70 años viajaba en el tren, teniendo a su lado a un joven universitario que leía su libro de Ciencias. El caballero, a su vez, leía un libro de portada negra. Fue cuando el joven percibió que se trataba de la Biblia y que estaba abierta en el Evangelio de Marcos.

 

Sin mucha ceremonia, el muchacho interrumpió la lectura del viejo y le preguntó:

 

- Señor, ¿usted todavía cree en ese libro lleno de fábulas y cuentos?

 

- Sí, mas no es un libro de cuentos, es la Palabra de Dios. ¿Estoy equivocado?

 

- Pero claro que lo está. Creo que usted señor debería estudiar Historia Universal. Vería que la Revolución Francesa, ocurrida hace más de 100 años, mostró la miopía de la religión.

Solamente personas sin cultura todavía creen que Dios hizo el mundo en 6 días. Usted señor debería conocer un poco más lo que nuestros Científicos dicen de todo eso.

 

- Y... ¿es eso mismo lo que nuestros científicos dicen sobre la Biblia?

 

- Bien, como voy a bajar en la próxima estación, no tengo tiempo de explicarle, pero déjeme su tarjeta con su dirección para mandarle material científico por correo con la máxima urgencia.

 

El anciano entonces, con mucha paciencia, abrió cuidadosamente el bolsillo derecho de su bolso y le dio su tarjeta al muchacho. Cuando éste leyó lo que allí decía, salió cabizbajo, sintiéndose peor que una ameba.

 

En la tarjeta decía:

 

Profesor Doctor Louis Pasteur


Director General del Instituto de Investigaciones Científicas

Universidad Nacional de Francia

 

'Un poco de Ciencia nos aparta de Dios.

 

Mucha, nos aproxima'.

 

Dr. Louis Pasteur

 

Postdata: El mayor placer de una persona inteligente es aparentar ser idiota delante de un idiota que aparenta ser inteligente

 

 

De cualquier color

 

 

Juan José Saer

Julio / 2008

 

 

Palabra de honor, no la había visto en la perra vida. Eran |a como la una y media de la mañana, en pleno enero, y como el Gallego cierra el café a la una en punto, sea invierno o verano, yo me iba para mi casa, con las manos metidas en los bolsillos del pantalón, caminando despacio y silbando bajito bajo los árboles. Era sábado, y al otro día no laburaba. La mina arrimó el Falcon al cordón de la vereda y empezó a andar a la par mía, en segunda. Cómo habré ido de distraído que anduvimos así cosa de treinta metros y ella tuvo que frenar y llamarme en voz alta para que me diera vuelta. Lo primero que se me cruzó por la cabeza era que se había confundido, así que me quedé parado en medio de la vereda y ella tuvo que volverme a llamar. No sé qué cara habré puesto, pero ella se reía.


-¿A mí, señora? -le digo, arrimándome.


-Sí -dice ella-. ¿No sabe dónde se puede comprar un paquete de americanos?


Se había inclinado sobre la ventanilla, pero yo no podía verla bien debido a la sombra de los árboles. Los ojos le echaban unas chispas amarillas, como los de un gato; se reía tanto que pensé que había alguno con ella en el auto y estaban tratando de agarrarme para la farra. Me incliné.


-¿Americanos? ¿Cigarrillos americanos?


-Sí -dijo la mina. Por la voz, le di unos treinta años.


El Gallego sabe tener importados de contrabando, una o dos cajas guardadas en el

dormitorio. Si uno de nosotros se quiere tirar una cana al aire, se lo dice y el Gallego le contesta en voz baja que vuelva a los quince minutos.


-De aquí a tres cuadras hay un bar -le dije-. Sabe tener de vez en cuando. Tiene que

ir hasta Crespo y la Avenida. ¿Conoce?


-Más o menos -dijo.


Me preguntó si estaba muy apurado y si quería acompañarla. "Zápate, pensé; una jovata alzada que quiere cargarme en el coche para tirarse conmigo en una zanj a cualquiera" . El corazón me empezó a golpear fuerte dentro del pecho. Pero después pensé que si por casualidad el Gallego no había cerrado todavía y me veía aparecer con semejante mina en un bote como el que manejaba, bajándome a comprar cigarrillos americanos, todo el barrio iba a decir al otro día que yo estaba dándome a la mala vida y que estaba por dejar de laburar para hacerme cafisio. Para colmo, en verano las viejas son capaces de amanecer sentadas en la vereda.


-Ya debe de estar cerrado -le dije, y no sé en qué otra parte puede haber.


La mina me tuteó de golpe.


-¿Tenés miedo? -dijo, riéndose.


Encendió la luz de adentro del coche.


-¿No ves que estoy sola? -dijo.


Mi viejo era del sur de Italia, y los muchachos me cargan en cuestión minas, porque dicen que yo, aparte de laburar y amarrocar para casarme, no pienso en otra cosa. Dicen que los que venimos de sicilianos tenemos la sangre caliente. No sé si será verdad, y no pude ver mi propia cara, pero por la risa de ella me di cuenta de que con uno solo de los muchachos que hubiese estado presente, en lo del Gallego me habrían agarrado de punto para toda la vida. Era rubia y tostada y llena por todas partes, que parecía una estrella de cine. "No me lo van a creer", pensé. "No me lo van a creer cuando se los cuente". Sentí calor en los brazos, en las piernas y en el estómago. Tragué saliva y me incliné más y ella me dio lugar para que me apoyara en el marco de la ventanilla. Tenía un vestido verde ajustado y alzado tan arriba de las rodillas, seguro que para manejar más cómoda, que poco más y le veo hasta el apellido. ¡Hay que ver cómo son las minas de ahora! ¡Y pensar que la hermana de uno es capaz de andar en semejante pomada, y uno ni siquiera enterarse!


-No -le dije-, qué voy a tener miedo. ¿Miedo de qué?


-Y, no sé -dijo ella-. Como no querés acompañarme...


A las minas hay que hacerlas desear; cuando uno más se hace el desentendido, a ellas más les gusta la pierna, sobre todo si se avivan de que uno es piola. Ahí no más la traté de vos.


-¿Acompañarte adónde? -le dije.


-No te hagás el gil -me dijo ella, sonriendo. Después se puso seria-. Ando buscando gente para ir a una fiesta.   Cosa curiosa: se reía con la mitad de la cara, con la boca nada más, porque los ojos amarillos no parecían ni verme cuando se topaban conmigo.


-No estoy vestido -le dije.


Ahí sí me miró fijo, a los ojos.

 

-Subí -me dijo.

 

Abrí la puerta, despacio, mirándola; ella se corrió al volante, y yo me senté sobre el tapizado rojo protegido con una funda de nailon. Pensé que ver la vida desde un bote así, siempre, es algo que debe reconciliarlo a uno con todo: con la mala sangre del laburo, los gobiernos de porquería y lo traicionera que es la mujer. Le puse la mano sobre la gamba mientras lo pensaba: tenía la carne dura, caliente, musculosa, y yo sentía los músculos contraerse cuando apretaba el acelerador. "No me lo van a creer cuando se los cuente", pensé, y como vi que la mina me daba calce me apreté contra ella y le puse la mano en el hombro.


-¿Dónde es la fiesta? -le pregunté.


-En mi casa -dijo vigilando el camino, sin mirarme.

 

Doblamos en la primera esquina y empezamos a correr en dirección a la Avenida. Dejamos atrás las calles oscuras y arboladas, y a las dos cuadras nos topamos con la Avenida iluminada con la luz blanca de las lámparas a gas de mercurio. Había bailes por todas partes, se ve, porque los coches corrían en todas direcciones y mucha gente bien vestida andaba en grupos por las veredas, hombres de traje azul o blanco o en mangas de camisa, y mujeres con vestidos floreados. De golpe me acordé que en Gimnasia y Esgrima estaban D'Arienzo y Varela-Varelita, y por un momento me dio bronca que se me hubiese pasado, pero cuando sentí la gamba de la mina moviéndose contra la mía para aplicar el freno, pensé: "Pobres de ellos". El Falcon entró en la Avenida y empezó a correr hacia el norte.


-Separáte un poco hasta que pasemos la Avenida -me dijo la mina.


Ibamos a noventa por la Avenida por lo menos. Se ve que a la mina le gustaba correr, cosa que no me gustó ni medio, porque había mucho tráfico a esa hora, y la Avenida no es para levantar tanta velocidad. Cuando la Avenida se acabó, doblamos por una calle oscura, llena de árboles, y la mina aminoró la marcha, para cuidar los elásticos por cuestión del empedrado. Yo volví a juntarme con ella y ella se rió. Se dejó besar el cuello y me pidió un cigarrillo.


-Fumo negros -le dije.


-No importa -dijo ella.


Le puse el Particular con filtro en los labios y se lo encendí con la carucita. La llama le iluminó los ojos amarillos, que miraban fija la calle adelante, como si no la vieran. La luz de los faros hacía brillar las hojas de los paraísos. No se veía un alma por la zona. Cuando le toqué otra vez la pierna me pareció demasiado dura, como si fuera de piedra maciza, y ya no estaba caliente. No voy a decir que estaba fría, la verdad, pero le noté algo raro. A la mitad de la cuadra, en la calle oscura, aplicó los frenos y paró el coche al lado del cordón. La casa era chiquita y el frente bastante parecido al de mi casa, con una ventana a cada lado de la puerta. De una de las ventanas salían unos listones de luz a través de las persianas que apenas se alcanzaban a distinguir. La mina apagó todas las luces del auto y se echó contra el respaldar del asiento, suspirando y dándole dos o tres pitadas al cigarrillo. Después tiró el pucho a la vereda.


-Llegamos -dijo.


A mí me la iba hacer tragar, de que con semejante bote iba a vivir ahí. Era un bulín, clavado, pero no se lo dije, porque me fui al bofe en seguida, y ella me dejó hacer. Estuvimos como cinco minutos a los manotazos, y me dejó cancha libre; pero no sé, había algo que no funcionaba, me daba la impresión de que con todo, ella seguía mirando la calle por arriba de mi cabeza con sus ojos amarillos. Después me acarició y me dijo despacito:


-Vení, vamos a bajar. No hagás ruido.


Bajamos, y ella cerró la puerta sin hacer ruido. La puerta de calle del bulín estaba sin llave y el umbral estaba negro, no se veía nada. Al fondo nomás se alcanzaba a distinguir una lucecita, reflejo de la luz encendida de alguno de los cuartos, la que se veía desde la calle, seguro. Por un momento tuve miedo de que estuviera esperándome alguno para amasijarme, pero después pensé que una mina que aparecía en un Falcon no podía traer malas intenciones. En seguida se me borraron los pensamientos, porque la cosa me agarró la mano, se apoyó en la pared y me apretó contra ella, cerrando la puerta de calle. Me empezó a pedir que le dijera cosas, y yo le dije "corazón", o "tesoro", o algo así; pero ella me dijo con una especie de furia, sacudiendo la cabeza, que no era eso lo que quería escuchar, sino algo diferente. Era feo lo que quería, la verdad; para qué vamos a decir una cosa por otra. Y cuando empecé a decírselas -uno pierde la cabeza en esos casos, queda como ciego y hace lo que le piden- me pidió que se las dijera más fuerte. Yo estaba casi gritándoselas cuando ella dejó de escucharme, me agarró de la manga de la camisa y caminando rápido, casi corriendo, me arrastró hasta el dormitorio, que era la pieza que estaba con la luz encendida. No había más que la cama de dos plazas y una silla. Me dio la impresión de que no había un mueble más en toda la casa. Con ese coche, y un bulín tan desprovisto. Pensé que no le interesaba más que la cama y una silla cualquiera para dejar la ropa.


Se desnudó rápido, y yo también. Nos metimos en la cama. Al inclinarme sobre la mina pensé que si no la hubiese encontrado en la vereda de mi barrio, en ese momento estaría durmiendo en mi cama, hecho una piedra, como muerto, porque yo nunca sueño. Quién la había hecho doblar por esa esquina, y quién me había hecho a mí ir al bar del Gallego, y quién me había hecho retirarme a la hora que me retiré para que ella me encontrara caminando despacio bajo los árboles, es algo que siempre pienso y nunca digo, para que no me tomen para la farra. Ahí nomás me le afirmé y empecé a serruchar y ella me fue respondiendo con todo, cada vez más. Las minas se ablandan a medida que el asunto empieza a avanzar; tienen varias marchas, como el Falcon: pasan de la primera a la segunda, y después a la tercera, y hasta a la cuarta, para la marcha de carretera. Uno, en cambio, se larga en primera y atodavelocidad, y a la mitad del camino queda fundido. Algo siguió funcionando dentro de ella después que yo terminé, porque todo el cuerpo se le puso duro y áspero como un tablón de madera y cerró los ojos, y agarrándome los hombros me apretó tan fuerte que al otro día cuando desperté en mi casa todavía sentía un ardor, y mirándome en el espejo vi que tenía todo colorado. Después la mina se aflojó y se puso a llorar bajito. Lloró sin decir palabra durante un rato y después empezó a hablar. "Siempre lo mismo", pensé. "Primero te hacen hacer cualquier locura, y después que te sacaron el jugo como a una naranja, se ponen a llorar".


-¿Qué me hacés hacer? -dijo la mina, llorando bajito- . ¿Hasta cuándo vamos a seguir haciéndolo? ¿Todo esto en nombre del amor? ¿Para no separarnos? Es insoportable .


Lloraba y sacudía la cabeza contra la almohada húmeda. Insoportable. Insoportable -decía, mirando siempre fijo por encima de mi cabeza con sus ojos amarillos.


Yo no le dije nada, porque si uno se pone a discutir con una mina en esa situación, seguro que la mina termina cargándole el muerto. "Me he hecho llamar puta para vos en el umbral", dijo la mina. Ahí empezó a pegar un alarido que cortó por la mitad, como si se ahogara, y siguió llorando. No tuve tiempo de pensar nada, y no por falta de voluntad, porque en el momento en que la mina dijo eso y trató de pegar el alarido, ya había empezado a trabajarme el balero y a hacerme sentir que esa mirada amarilla que la mina no parecía fijar en ninguna parte, había estado siempre fija en algo que nadie más que ella veía; tanto me trabajó el balero que estuve a punto de pensar que yo no era más que la sombra de lo que ella veía. Pero el llanto del tipo sonó atrás mío antes de que yo empezara a carburar, y ése fue el momento en que salté de la cama, desnudo como estaba: justo cuando sonó su voz, entorpecida por el llanto.


-Dios mío. Dios mío -dijo.


Estaba parado en la puerta del dormitorio, en pantalón y camisa. Se tapaba la cara con la mano, y no paraba de llorar. Pensé que era el macho o el marido y que nos había pescado con las manos en la masa, y me vi fiambre. Pero ni se fijó en mí. La mina estaba desnuda sobre la cama y lloraba mirándolo al punto que seguía con la cara tapada con la mano y no paraba de llorar. Si antes yo había sentido que era como una sombra, ahora sentía que ni eso era. "Dios mío. Dios mío", era todo lo que decía el tipo. Y la mina lo miraba fijamente y lloraba sin hablar. Cuando terminé de vestirme me acerqué a la cama.


-Señora -dije-.


La mina ni me miró. Tenía los ojos amarillos clavados en el tipo y pareció no escucharme.


-¿Estás satisfecho? -dijo-. ¿Estás satisfecho?


-Amor mío -dijo el tipo, sin sacarse la mano de la cara.


Salí abrochándome el cinto y tuve que ponerme de costado para pasar por la puerta, porque el tipo ni se movió. Tenía una camisa blanca desabrochada hasta más abajo del pecho y se le veía la piel tostada. Se notaba a la legua que estaba quedándole poco pelo en la cabeza, porque eso que la mano dejaba ver encima de las cejas medias levantadas, era más alto que una frente. Parecía recién bañado, por el olor que le sentí. Para mí que había estado todo el día al sol, en el río, tanta fue la sensación de salud que me dio cuando pasé al lado de él.


Atravesé el umbral negro y salí a la calle. El Falcon estaba ahí, con las luces apagadas. Me paré un momento delante de las rayitas de luz que se colaban a la calle, y arrimando el oído a la persiana del dormitorio los oí llorar. Traté de espiar por las rendijas de la ventana, pero no vi una papa. Solamente escuché otra vez la voz de la mina, diciendo esta vez ella "Amor mío" y después cómo lloraban los dos, y después nada más. Me paré recién un par de cuadras más adelante, porque empezó a fallarme la carucita, y aunque no había viento me tuve que arrimar a la pared para poder encender el Particular con filtro que me temblaba apenas en los labios . Con el primer chorro de humo seguí caminando bajo los árboles oscuros, pero ni silbé nada, ni me puse las manos en los bolsillos del pantalón. Tenía la espalda pegada a la camisa, que estaba hecha sopa. Cuando tiré el Particular con filtro y encendí el otro, sobre el pucho, la carucita no me falló, y llegué a la Avenida. Pensé en el bar del Gallego y en los muchachos, y en la cara que hubiesen puesto si se me hubiese dado por contárselo. Había menos gente en la Avenida, pero seguro que al terminar todos los bailes las calles iban a llenarse otra vez . Miré y vi que estaba lejos del barrio, y sintiendo en la cara un aire fresco que estaba empezando a correr, me apuré un poco, cosa de no perder el último colectivo.

 

 

martes, 15 de marzo de 2011

El genio de la música romantica


Antero Duks


(Bonn, actualmente Alemania, 1770 - Viena, 1827) Compositor alemán. Nacido en el seno de una familia de origen flamenco, su padre, ante las evidentes cualidades para la música que demostraba el pequeño Ludwig, intentó hacer de él un segundo Mozart, aunque con escaso éxito.


La verdadera vocación musical de Beethoven no comenzó en realidad hasta 1779, cuando entró en contacto con el organista Christian Gottlob Neefe, quien se convirtió en su maestro. Él fue, por ejemplo, quien le introdujo en el estudio de Bach, músico al que Beethoven siempre profesaría una profunda devoción.



Ludwig van Beethoven


Miembro de la orquesta de la corte de Bonn desde 1783, en 1787 Ludwig van Beethoven realizó un primer viaje a Viena con el propósito de recibir clases de Mozart. Sin embargo, la enfermedad y el posterior deceso de su madre le obligaron a regresar a su ciudad natal pocas semanas después de su llegada.


En 1792 Beethoven viajó de nuevo a la capital austriaca para trabajar con Haydn y Antonio Salieri, y se dio a conocer como compositor y pianista en un concierto que tuvo lugar en 1795 con gran éxito. Su carrera como intérprete quedó bruscamente interrumpida a consecuencia de la sordera que comenzó a afectarle a partir de 1796 y que desde 1815 le privó por completo de la facultad auditiva.


Los últimos años de la vida de Beethoven estuvieron marcados también por la soledad y una progresiva introspección, pese a lo cual prosiguió su labor compositiva, e incluso fue la época en que creó sus obras más impresionantes y avanzadas.


Obras de Ludwig van Beethoven


La tradición divide la carrera de Beethoven en tres grandes períodos creativos o estilos, y si bien el uso los ha convertido en tópicos, no por ello resultan menos útiles a la hora de encuadrar su legado.


La primera época abarca las composiciones escritas hasta 1800, caracterizadas por seguir de cerca el modelo establecido por Mozart y Haydn y el clasicismo en general, sin excesivas innovaciones o rasgos personales. A este período pertenecen obras como el célebre Septimino o sus dos primeros conciertos para piano.


Una segunda manera o estilo abarca desde 1801 hasta 1814, período este que puede considerarse de madurez, con obras plenamente originales en las que Ludwig van Beethoven hace gala de un dominio absoluto de la forma y la expresión (la ópera Fidelio, sus ocho primeras sinfonías, sus tres últimos conciertos para piano, el Concierto para violín).


La tercera etapa comprende hasta la muerte del músico y está dominada por sus obras más innovadoras y personales, incomprendidas en su tiempo por la novedad de su lenguaje armónico y su forma poco convencional; la Sinfonía n.º 9, la Missa solemnis y los últimos cuartetos de cuerda y sonatas para piano representan la culminación de este período y del estilo de Ludwig van Beethoven.


Pero, no se diga más, escuchemos su 5ª. Sinfonía


1er. Movimiento:

http://www.youtube.com/watch?v=LKbkpokQ-hE

2°. Movimiento:
http://www.youtube.com/watch?v=ijiHzheK4GQ

3er. Movimiento:

http://www.youtube.com/watch?v=9Mt7NIPFgQk

4°. Movimiento:

http://www.youtube.com/watch?v=-mZ4_aWfH7s


¿Y qué les parece la 9ª. Sinfonía:


http://www.youtube.com/watch?v=u2NmPVg_2qM


Himno a la alegría. Coro de la Universidad de Sevilla


http://www.youtube.com/watch?v=8R3Ki6aqlv4










EL CRIMEN ORGANIZADO NOS REVELA INFINIDAD DE CARENCIAS

 

Por Ernesto Partida Pedroza

 

 

Combatir la inseguridad es como combatir la oscuridad.

 

La oscuridad es solo la ausencia de luz

 

Si queremos que haya luz, simplemente hay que encender la lámpara.

 

Combatir la inseguridad es como matar a quienes apagaron la lámpara.

 

La existencia de los problemas nos revela carencia de algo.

 

La presencia del crimen organizado nos revela la carencia de muchas cosas, nos revela la carencia de necesidades no satisfechas, nos revela la ausencia una educación de calidad,   de una cultura propia,  de un sentido de pertenencia,  de un orgullo personal, de una baja autoestima tanto de los victimarios como de las víctimas, la ausencia de una educación emocional y de una educación espiritual.

 

La presencia del crimen organizado nos revela  infinidad de  funciones que le corresponden realizar  a muchas instituciones de gobierno y que nos las realiza.

 

¿Qué hace el gobierno al respecto?

 

Lo que hace  es combatir por medio de las armas y de todo el aparato de justica tanto a víctimas como a victimarios.

 

Una verdadera aberración.

 

Se nos ha dicho que la violencia genera más violencia, pues esto también aplica cuando el gobierno la ejerce.

 

Mientras más se le combata, más delincuentes aparecen.

 

En lo que va del sexenio ya van más de 35 mil muertos, cada año aumenta esa cifra.

 

La experiencia nos ha demostrado que la actual estrategia no funciona, es indispensable cambiar, aunque el gobierno federal se niega a hacerlo

 

Es probable que no tenga una alternativa y por eso no cambia.

 

La actual estrategia podría deducirse así:

 

 

PARA QUE LAS DROGAS NO LLEGUEN  A TUS HIJOS

 

Esta estrategia es a todas luces  paternalista e inaceptable.

 

La estrategia que propongo sería:

 

PARA QUE TUS HIJOS NO NECESITEN DE LAS DROGAS.

 

Esta estrategia involucraría  y compromete a todos los actores sociales.

 

Todo cambio de estrategia implica un cambio profundo en el punto de vista del problema, Ya no sería solo una cuestión  de seguridad nacional, sino también de salud pública, de economía, de educación y de cultura.

 

Por supuesto que se debe involucrar a los medios de comunicación.

 

Dado que la influencia de los medios es hasta cierto punto determinante, debe hacerse una labor con ellos para alinearse al propósito de manejar el problema de la inseguridad en todo el país.

 

Como ciudadanos estamos obligados a presentar  nuevas propuestas  y articular esfuerzos y talentos y con ello crear un mejor país.

 

El tema de la inseguridad es crucial para generar un mejor futuro para México.

 

Actualmente se está dando la carrera por la presidencia de la república, está en la mesa de discusión quien de los personajes llegará a los Pinos.

 

Creo que la discusión debería estar en  los problemas del país y al mismo tiempo las soluciones y en base a ello sacar el perfil del candidato que necesitamos y por último,  sacar el personaje que necesitamos para hacerle frente a los grandes problemas del país.

 

Si el personaje que necesitamos, no se encuentre entre los partidos, tenemos la obligación y el derecho de buscarlo fuera de los partidos.

 

¿Usted que opina?        

 

elsuenomexicano@yahoo.com.mx

 

www.elsuenomexicano.org

 

 



Chile demuestra que aborto no reduce mortalidad materna

 

Acción Familia

 

 

Chile recibió el premio International Protect Life Award (premio internacional a la protección de la vida) por ser el país con la tasa más baja de mortalidad materna en América Latina, con lo que demuestra que el aborto –a diferencia de lo que dicen sus promotores– no contribuye en nada a disminuir el número de muertes entre las madres ya que esta práctica es ilegal en esta nación sudamericana.

 

Cerca de 30 representantes de organizaciones pro–vida que trabajan ante la Organización de Naciones Unidas (ONU) otorgaron el galardón en el marco de la 55° sesión de la Comisión de la Condición Jurídica y Social de la Mujer (CSW 2011) que se realiza en Nueva York entre el 22 de Febrero y el 4 de Marzo.

 

En declaraciones a ACI Prensa el 25 de febrero, el vocero de los líderes pro–vida, Dan Zeidler, señaló que "hay que destacar que Chile no tiene legalizado el aborto en ningún caso. Chile respeta la vida tanto de la mujer como del niño, los dos son iguales ante la ley".

"Me parece que ese sistema jurídico hay que felicitarlo y reconocer que lo que dicen mucho los abortistas de que hay que legalizar el aborto para bajar la mortalidad materna no es cierto, inclusive es todo lo contrario", agregó.

 

Los números

 

Una investigación del Dr. Elard Koch de la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile comparando datos entre 1957 y 2008 sobre la mortalidad materna por aborto muestra que ésta se redujo en 97,6 por ciento en estos 51 años.

 

Tras la prohibición del aborto terapéutico en 1989, se redujo de 13,62 a 1,65 por cada 100 000 nacidos vivos, es decir, un 87,9 por ciento.

 

Actualmente, explica Koch, el riesgo actual que tiene una madre de morir a causa del aborto es de 0,09 por 100 000.

 

Estos resultados, explica el experto, muestran que una legislación que protege la vida del niño por nacer no incrementa la mortalidad materna ni los abortos ilegales; y que legalizar o despenalizar el aborto provoca una "epidemia" abortista con graves consecuencias para la salud de las mujeres y para el país.

 

Koch, cuyo estudio fue presentado en enero de 2010 en la reunión inaugural del International Working Group for Global Women's Health Research, en Washington D.C. (Estados Unidos), precisa además que el camino que ha permitido disminuir la mortalidad materna ha sido la promoción de "embarazos seguros" y no el aborto.